Entrelazar hilos y crear chinchorros coloridos, únicos, de gran belleza y calidad, es lo que hacen las tejedoras del municipio El Pao, al sur de Cojedes. Sus productos son distribuidos en Venezuela, Estados Unidos y Europa por Artesanías Don Bartolo, una empresa fundada en el 2013 por Carmén Isabel Hernández y Acción Campesina (AC) que se dedica a comercializar los trabajos de mujeres emprendedoras de los caseríos de Barbasco y Jobito. 

Después de trabajar en estos sectores, recorrer sus calles y conocer su gente, Carmen Isabel, supo identificar una necesidad y una oportunidad que extendería su misión de trabajo humanitario. Junto a Heriberto Araujo, coordinador de proyectos de AC, Rosa Gutiérrez, coordinadora de AC en Cojedes, y Manuel Gomez, Director General de AC, la fundadora de Artesanías Don Bartolo decidió liderar un equipo para vender estas artesanías al mundo. El nombre es en honor a un llanero y trabajador muy querido de la zona. 

El inicio de la productividad 

Muchas de las mujeres de estos caseríos sabían tejer, la mayoría lo hacía por pasatiempo, algunas ya comercializaban sus productos pero era esporádico debido a la sobreoferta en la localidad. Ellas tenían todas las capacidades, pero les faltaba apoyo, necesitaban materiales, conversar con otras compañeras y preparación técnica para elaborar productos de calidad, que resaltaran entre los ya existentes. Desde esta debilidad, Carmen Isabel vió en ellas la oportunidad de establecerse con un oficio que les apasiona y genera rentabilidad. 

A partir de varios talleres de capacitación técnica, organizados por el equipo de AC en la entidad, las artesanas cambiaron su confección, aprendieron a calcular costos y entendieron que su oficio podía ser muy productivo si se organizaban y aplicaban lo aprendido. Luego de este proceso, los chinchorros se veían distintos, sin embargo, tenían detalles. La calidad fue llegando con el tiempo, a medida que las tejedoras se integraban y entendían lo que debían hacer para lograr un producto de calidad. 

‘’En ocasiones tuve que devolver algunos chinchorros porque no cumplían con el control de calidad. Ellas los vendían en la misma comunidad y recuperaban su trabajo. Pero lo más importante es que ellas aprendieron a calcular costos y empoderarse a través de su trabajo’’, comentó Carmen Isabel. 

La misión de empoderar 

Esta empresa tiene un propósito social, el de empoderar a las tejedoras mediante su trabajo. Se mantiene a través de su mano de obra, la responsable de tejer los hilos proporcionados por AC y la comercializadora. Ellas por su parte tienen la posibilidad de acceder a los mismos a un precio más económico que los distribuidores de la zona, para elaborar tejidos que pueden vender en su localidad.

‘’Lo más importante no es entregar las cosas gratis sino que se pueden lograr las cosas a través del trabajo» .

Las tiendas de artesanías en Caracas vieron la novedosa oferta de unos chinchorros tejidos con detalle y con diseños totalmente distintos a los que vendían. Aquí la demanda empezó a crecer y es donde actualmente va la mayoría de las piezas. Mientras la otra parte se esparce alrededor del mundo. 

«Los primeros años con las ganancias de su trabajo ellas pudieron comprarles útiles escolares a sus niños. Fue un acto muy emocionante porque ellas no creían que este ingreso venía de sus manos’’.

Identidad de gran belleza que cautiva al mundo

Una amiga diseñadora de Carmen fue la encargada de guiar la identidad de las piezas. Ella combinó una gama de colores para hacerlos innovadores y salir de lo tradicional. Es así, como entre el diseño exclusivo, la confección, en la que tres mujeres se tardan una semana, tejiendo 8 horas diarias para elaborar un chinchorro, Artesanías Don Bartolo llega a Estados Unidos y España.

‘’En estos lugares la gente no está tan familiarizada con el chinchorro. Aún así hemos tenido una aceptación bastante buena en los bazares’’. 

En el proceso de dar a conocer esta artesanía útil y única al mundo, un estudiante venezolano de la Universidad de Florida organizó una exposición para mostrar la cultura de Venezuela, entre ellos no podía faltar el chinchorro, por eso los de Artesanía Don Bartolo dejaron cautivados a los asistentes con sus colores. 

Por otro lado, los seguidores y compradores de @Pordonbartolo, cuenta en Instagram de la comercializadora, se dispararon cuando la periodista Mariana Atencio publicó una foto en uno de los chinchorros. 

Esta empresa es una muestra de cómo desde las comunidades pueden originar emprendimientos productivos, y que las personas pueden superarse y empoderarse, siendo tejedoras de su destino. 

Si deseas adquirir estos chinchorros puedes comunicarte al correo pordonbartolo@gmail.com. Conoce más del trabajo de las mujeres emprendedoras del sur de Cojedes en su cuenta en Instagram, @Pordonbartolo.

Tejedoras en Cojedes confeccionan Chinchorros de diseño único como medio de vida

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