Los recursos que ofrece Acción Campesina para que las familias tengan su propio huerto, son los mismos. Las condiciones del entorno y de cada hogar, no. Hoy traemos una historia de cuatro mujeres inspiradoras que lograron sembrar y cosechar, el resultado de la constancia y dedicación.  

María Acosta y su hija

La ing. Doris Hernandez es la coordinadora del proyecto Huertos Familiares del Municipio Crespo, en el estado Lara. Es partícipe de muchas historias, ha visto la evolución de las familias y también ha estado pendiente de que todo salga bien. Este relato es uno de ellas. 

Familia de mujeres que con perseverancia cosecharon su alimento 

Cuatro mujeres de tres generaciones distintas en un hogar. Está la abuela, la nieta y sus dos hijas. María Acosta es la beneficiaria del proyecto Huertos Familiares, enfermera del pueblo y madre a tiempo completo. Una de sus hijas tiene discapacidad visual. La abuela trabaja con arreglos de flores exóticas, que recoge del patio donde consigue una gran variedad.

María, es Paty de cariño en la comunidad. Ingresó al proyecto muy animada, con muchas ganas de trabajar. Su casa queda a orilla de montaña, por lo que sembraron diferentes rubros de hortalizas, apio españa, remolacha calabacín, pero su huerto no era próspero ya que sufría ataques de pájaros, iguanas, ardillas, monos, conejos. Estos animales se comían todo lo que sembraban.  

María Acosta iniciando el proyecto de su huerto

Ante esta situación de dificultad con el entorno, la Ing. Doris le indicó técnicas para que aquello no sucediera pero, seguía lo mismo, los animales la dejaban sin nada, su huerto no prosperaba. Ella comenta que estaba a punto de retirarla del proyecto porque no había rendimiento, mientras Patty, insistía en seguir sembrando.  

Patty: – Ingeniera, pero es que yo quiero sembrar. Deme maíz.

Doris: – Pero va a ser lo mismo Paty, se lo van a comer más rápido. 

Paty: – Démelo que yo quiero sembrar. Mi abuela se la pasa todo el día en el patio.

Doris: – Está bien. Vamos a insistir con el maíz y la caraota. 

Entonces Patty preparó el terreno y sembró maíz y caraota. Los conejos atacaron el huerto nuevamente. Sin embargo, la coordinadora volvió a proveerla de semillas. Para esta nueva oportunidad, cuando Patty llegaba de su trabajo, se sentaba en las tardes con sus hijas a tocar una lámina de zinc con un palito para ahuyentar a los animales con el ruido. Terminaba una, y empezaba la otra, así se turnaban. 

Doris: – Paty, hay que tener mucha paciencia para eso

Patty: – Sí, pero no importa. 

Así hicieron desde los primeros días mientras la plántula se desarrollaba, ya que es en esta etapa cuando más sufre de ataques de los animales. Ellas duraron mucho tiempo provocando el ruido a los animales por las tardes, con mucha paciencia y dedicación. 

Hasta que llegó el momento de la cosecha. Estaban muy felices por su esfuerzo, por ver que había dado frutos. María acosta le dice a la ingeniera: »¿Ves? El que persevera vence». Le comentaba con mucho entusiasmo a los vecinos que sí podía, también les daba recomendaciones sobre cómo ahuyentar a los animales. 

Cosechando caraotas

María Acosta le comentó a Doris: ‘’Estoy agradecida con Acción Campesina. Por la cosecha estamos comiendo, no teníamos nada que comer. Gracias por tu paciencia y por creer en mí. Ahora sí le conseguí el truquito a los animales, así que me puede dar para sembrar hortalizas. Esta vez sí no me las van a comer’’

Estas cuatro mujeres son dignas de ejemplo, de cómo con cada paso se logran grandes resultados. Ahora Patty y su familia seguirán cosechando, gracias a su paciencia, ingenio y constancia. 

Sembrar y cosechar, el resultado de la constancia y la dedicación

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