Manos de mujer tejedora de Cojedes/Acción Campesina

Se hunden las manos buscando vida a través del tejido. Mujeres con ganas de emprender en el viaje que las condujera hasta una mejor calidad de vida. Sobre el terraplén del ecosistema llanero, una  oportunidad, muchas de ella estaban amarradas al destino de la leña sobre sus cabezas. Un fogón era el epicentro de sus labores.

Afortunadamente en el 2014 Acción Campesina se dio a la tarea de contactar a varias de ellas en los caseríos Barbasco y Jobito, perteneciente al Municipio El Pao del estado Cojedes. El hato El Coralito aportó para la capacitación de las mujeres. El apoyo del doctor Asdrúbal Hernández fue decisivo para la consolidación del proyecto.

Desde su finca inició el financiamiento, mientras Acción Campesina trabajaba con su adiestramiento. Ellas eran señoras que no tenían una actividad productiva importante.  En medio de los diagnósticos descubrieron que algunas de ellas tenían habilidades para el tejido. Sin embargo, lo hacían de manera rudimentaria, sus trabajos eran bastante básicos.  La calidad de sus piezas dejaba mucho que desear. Para poder tener éxito en el mercado, era necesario darle un adiestramiento acorde.

Durante tres años, Acción Campesina se encargó de la formación de ellas. El promotor social Heriberto Araujo nos cuenta una historia que sirve de ejemplo para todos y todas.

¿Cuántas mujeres participaron en el proyecto?

Participaron treinta y dos familias en cinco equipos de trabajo perteneciente a las dos comunidades. Se desarrolló una gran empatía entre los aprendices. Ambos caseríos se unieron en el aprendizaje sin exhibir rivalidades, el deseo de lograr una mejor vida hizo que trabajaran en unión. Cada una de ella daba su aporte. Quien aprendía más rápido las técnicas, enseñaba a las otras, sin ningún tipo de problemas. Se inició un proceso de confección de chinchorros con variedades en los diseños que fue el primer paso para la libertad económica.

¿Dónde aprendieron a mejorar su trabajo rudimentario?   

Con la ayuda financiera de la finca El Corralito se trasladaron hasta Tintorero en el Municipio Jiménez del estado Lara. Allí  se realizan los mejores trabajos de tejido del país. Nada mejor que Tintorero cuando se desea lograr la excelencia. Hablamos de un pueblo que exporta desde mediados del siglo XIX. Los artesanos larenses le aportaron los conocimientos que necesitaban para llegar a tener trabajos de calidad.

¿Qué ocurrió con ellas?

Gracias a su trabajo ahora sus chinchorros se cotizan hasta internacionalmente. Últimamente están llevando al mercado la fabricación de las tradicionales alpargatas. Durante años  le hicimos seguimiento en la comercialización. Ellas en alianza con la empresa Don Bartolo que dirige Carmen Isabel Hernández, se posesionaron en el mercado.  Actualmente fortalecen su presencia con nuevos diseños. Su intención llegar al mercado europeo.

Por: Alexander Cambero 

Manos que tejen sueños
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