En estos tiempos difíciles, como este de recogimiento obligatorio por el coronavirus, algunos se quejan por las redes porque no saben qué hacer con tanto tiempo libre, mientras que hay otros a quienes las 24 horas del día no les alcanzan para ayudar a los más necesitados.

Ante nuestra memoria frágil, que al decir del escritor chino Yan Lianke, “es como la espuma superficial, las salpicaduras y el ruido de las olas”, se impone dejar registro de esas acciones cargada de amor y solidaridad, que brotan y pasan inadvertidas en la vorágine estos tiempos de pandemia.

Por eso, desde hoy vamos a compartir historias de solidaridad de personas como tú o como yo, que han visto en la crisis generada por el coronavirus, una oportunidad para demostrar el amor por sus semejantes, a través de esas pequeñas acciones que hacen grande al ser humano.    Deseamos que estos relatos sirvan de inspiración a otras personas y puedan poner un granito de arena más para la construcción de una Venezuela mejor… de un mundo mejor.

No permitamos que la cuarentena convierta estas nobles acciones en olvido.

Relato 1

En una Venezuela casi paralizada y parcialmente desierta, que intenta desesperadamente frenar el avance del nuevo coronavirus, hay una mujer que no se detiene. Al igual que todos tiene miedo al contagio, teme a una enfermedad grave en las condiciones en que se encuentran los servicios de salud en nuestro país, y más si se vive en un fin de mundo llamado El Baúl, estado Cojedes.

Sin embargo, eso no es un impedimento para Rosa Angelina Gutiérrez, cuando de servir a los más vulnerables de su población se trata. Ella es así: noble de sentimientos, impetuosa, de sonrisa amplia y llana, un motor que no se para. Y con esa su sencillez de mujer de campo, nos relata:  

“En este momento de necesidad es cuando más debemos activar la solidaridad, es un tiempo difícil donde la tristeza y la desesperanza no tienen piedad, es una acción de amor, de alguna manera acompañas a las personas, las llenas de ánimo y le fortaleces el deseo de permanecer unidos… La oración y la acción van de la mano, la fe sin obras es una fe muerta.”

Rosa o Rosita, como le dicen sus amigos, es la coordinadora del comedor solidario “Padre Armando Janssens”, en el municipio Girardot. Pero es mucho más que eso: se mete en la cocina y es cocinera, es consejera si alguien necesita orientación y también madre amorosa de los niños que acuden por un poco de comida y un mucho de amor.

Y continúa Rosa, esta vez con voz entrecortada: “Quiero compartir algo contigo, hoy el comedor estuvo vacío, extrañe los 14 besos que me da Luis mientras que espera su comida, los abrazos de Ángel, la carita sucia de Moisés que debo limpiar todos los días, la alegría expresada en sonrisa de Renson porque no me puede hablar ni abrazar; que mi chino me pida más comida … y la alegría de todos al cantar a diario… Pronto esto va pasar y volveremos a estar juntos.. El comedor no debe parar, debemos garantizar la seguridad alimentaria, esa es la mejor manera de ayudar… Acción Campesina y Cesap  son el mejor regalo de amor para Girardot”

Ahora Rosita tiene una nueva tarea, fabricar tapabocas para los más chiquitos que asisten al comedor.

Luces entre las sombras

2 pensamientos en “Luces entre las sombras

  • 21 marzo, 2020 a las 6:59 pm
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    Hermoso relato y gran experiencia de Acción y Amor hacia el más vulnerable. En los tiempos difíciles es cuando más unidos debemos estar.
    Un gran abrazo a Rosa y a todo ese gran equipo

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  • 25 marzo, 2020 a las 4:27 pm
    Enlace permanente

    eso somos nosotros los venezolanos, solidarios nos hace feliz el dar y ayudar, y sin el grupo Cesap y acción campesina no podríamos continuar en estos momentos tan duro que atravesamos, que Dios levante focos de luces, en todo el país, para que podamos ser la luz que siempre fuimos, donde todos querían vivir o conocer la tierra bendecida, Venezuela. por supuesto felicito a esta periodista que le da un toque especial de hermosura a lo que describe. gracias.

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