Grupo de tejedoras en el campo venezolano

La mujer que vive en el campo venezolano se desenvuelve en un contexto particular, caracterizado por costumbres, ritos y un sistema económico ligado a los mismos. 

El proyecto Autonomía Económica de la Mujer Rural integra tradición y productividad económica mediante la capacitación y el apoyo en toda la creación de productos artesanales. En los talleres de formación las mujeres se empoderan, al labrar con sus propias manos su sustento y el de su familia.

El objetivo central del proyecto se basa en el empoderamiento de la mujer que vive en las comunidades rurales de Venezuela. En la actualidad, se han beneficiado más de 50 mujeres, solamente en el estado Cojedes. 

Acción Campesina promueve la actividad productiva en el campo 

Rosa Gutiérrez, es coordinadora de Acción Campesina en el estado Cojedes. Ella mejor que nadie conoce su comunidad. Mientras camina por sus calles, analiza su entorno, su gente, identifica las habilidades de cada uno que van acorde a los proyectos, para que con su participación mejoren su calidad de vida. 

Mujeres tejiendo alpargatas en el campo venezolano
Las mujeres comparten mientras tejen al aire libre

Ella logró reunir a un grupo de mujeres, que luego se llamó «Amigas que tejen sueños», para facilitarles la capacitación impartida por AC. En la que se les suministró el material y se les enseñó a tejer alpargatas, ícono de tradición y de mucha utilidad en el municipio llanero. Este es un zapato que se amolda a las condiciones climáticas, como a las costumbres diarias de esta región venezolana. Además es más económico que los zapatos fabricados a máquina y vendidos en tiendas. 

Testimonios de empoderamiento

De acuerdo a los testimonios de las participantes, algunas ya sabían tejer, pero con el taller pudieron perfeccionar sus técnicas. Otras aprendieron desde cero. Rosa afirma: «Algunas lograron superar a las que ya sabían, porque las alpargatas lucían mejor». 

En la actualidad, en el municipio Girardot se encuentran 20 mujeres activas elaborando alpargatas. La promotora social aseguró que las beneficiarias han presentado un cambio sorprendente. Le comentan:

» Yo no sabía que con mis manos podía producir dinero»

Otras que estaban casadas, dijeron: «Yo nunca había llevado un céntimo a la casa. Hoy en día yo puedo decir que contribuyó en mi hogar económicamente» 

Tejedora del campo venezolano
Participante del proyecto muestra alpargatas tejidas por ella

Las reuniones y talleres fortalecen los vínculos entre las tejedoras y a su vez les aportan conocimientos integrales, ya que son espacios propicios para adquirir técnicas, no solo de tejido sino también de cálculos financieros. Ejemplo de ello, los conocimiento de cómo sacar el costo de la mano de obra de sus producciones artesanales.

Del mismo modo, la formación les aporta herramientas psicosociales, tal como el manejo de las emociones. Rosa asegura que en estos tiempos de cuarentena, el tejido las ha mantenido ocupadas y les ha incentivado la creatividad. 

Una tejedora con mucha fortaleza

Raquel Hernández es una tejedora que estuvo enferma de COVID-19. Durante su proceso de recuperación pensaba mucho en tejer, por lo que apenas lo superó, gracias a su fortaleza, tejió un par de alpargatas.

Hernández forma parte del proyecto desde junio del 2019. Ella se dedicaba a la venta de juegos de azar, pero con la cuarentena tuvo que cerrar el negocio. El tejido es lo que la ha mantenido activa y le ha dado para mantenerse en estos tiempos tan difíciles. 

En cuanto al canal de venta, es directo. Raquel ofrece en las tiendas. Aún no ha logrado vender por los digitales ya que la conectividad en la zona es muy escasa. 

Estos testimonios son una muestra de que la mujer llanera no se doblega ante el viento fuerte. Su espíritu es creativo, lleno de colores vibrantes como los paisajes que la rodean.

Otra participante del proyecto muestra sus alpargatas tejidas

Historias de éxito como las descritas, hay muchas en este rincón del llano venezolano, donde  florece el talento, la magia y la resiliencia. En una próxima entrega, estaremos hablando de las mujeres tejedoras de Barbasco y Jovito, dos localidades cojedeñas que producen chinchorros con calidad de exportación.

Por: Ismar Figuera

El campo venezolano es un territorio colmado de mujeres creativas

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