Acción Campesina lleva más de 8 años trabajando con los productores y capacitando a los hombres, mujeres y jóvenes en función de darle valor agregado al cacao en la zona de Barlovento.

El orgullo se destila por los poros de los integrantes de la familia Franco-Travieso. Es un grupo familiar numeroso que hace vida entre el sector El Arenal y Cúpira. Hasta donde alcanza su memoria se reconocen como productores agrícolas, especialmente del rubro cacao. El fruto de su esfuerzo se exhibe en forma de bombones de diferentes tamaños, formas y sabores; de blanca manteca; de polvo y pasta de cacao, de galletas, naiboas y hasta de cocteles; todo a  base del generoso fruto. 

Durante años, la familia Franco Travieso se ha dedicado al cultivo del Theobroma Cacao, siguiendo las costumbres y tradiciones de sus antepasados. Sin embargo, desde hace unos seis años, estas condiciones han ido cambiando y cambiando para mejor.

Juan Daniel Travieso, fue merecedor del tercer lugar en el concurso de la mejor mazorca de Cacao, en la V Feria Internacional del Cacao 2018, realizada en el Poliedro de Caracas. El fruto con el que participó es el resultado de años de dedicación y de la incorporación de técnicas que antes desconocía. Dice que el proceso de cambio se inició cuando Acción Campesina, organización dedicada a la capacitación y al proceso formativo de los distintos actores rurales, visitó la zona y comenzó a trabajar de la mano con los productores de la región en el manejo de las buenas prácticas de cosecha y poscosecha del cacao.

“Las buenas prácticas, el buen manejo del cultivo, han permitido que nuestro cacao ahora tenga más y mejores semillas, nos han enseñado acerca de la poda, control de plaga, todo eso influye para que el producto sea de mejor calidad. El cambio ha sido muy beneficioso para nosotros, hemos aprendido mucho y hemos mejorado la forma del cultivo del cacao. Hemos aprendido a valorar mucho más lo que tenemos los productores y los procesadores del cacao”, señala Juan Daniel.

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Sin embargo, todavía hay productores que continúan usando las viejas prácticas tradicionales que desmejoran la calidad del cacao, asegura Heriberto Araujo, Coordinador de Proyectos de Acción Campesina.

“El cacao es oro cuando está en la mazorca, cuando sale de ella, si no se le da un buen tratamiento, empieza a perder valor y calidad. Nuestro cacao tiene una proyección como el mejor cacao del mundo a nivel de aroma. Nuestra ubicación geográfica nos favorece la calidad del cacao en ese sentido y Acción Campesina,  a través del trabajo de formación que estamos haciendo, estamos capacitando a los productores para lograr potenciar esa cualidad natural que tiene nuestro cacao. Cuando hacemos prácticas de fertilización orgánica, de la poda, de injerto, de desmalezamiento permanente, durante todo el ciclo de producción, esto automáticamente mejora la productividad del rubro. Solo con las buenas prácticas, sin agregar ningún agente químico, ya mejora la producción de mazorcas por planta y de número de granos por mazorca”, afirma Araujo.

En ese empeño, Acción Campesina lleva más de 8 años trabajando con los productores y capacitando a los jóvenes, mujeres y chicos en función de darle valor agregado al cacao en la zona de Barlovento, para facilitar la incorporación de esos jóvenes en el mejoramiento de las plantaciones en cuanto a calidad y productividad, al mejoramiento del sistema de fermentación y secado y a través de talleres para que ellos mismos trabajen su cacao y le den valor agregado produciendo manteca, polvo o licor de cacao y bombonería artesanal, agregó Araujo.

Este proceso se ha venido llevando a cabo en varias regiones de la zona de Barlovento como Panaquire, Corozal, Puerto Viejo, Cúpira, El Arenal y otras comunidades llegando a formar a más de 200 jóvenes que hoy tienen su emprendimiento activo elaborando chocolates con el cacao de su propia plantación, obteniendo un ingreso permanente que les permite mejorar su calidad de vida y sus ingresos.

Un apostolado con aroma y sabor a chocolate

En Acción Campesina estamos convencidos del potencial que tiene cada persona para mejorar su entorno al convertir sus ideas en realidades. Prueba de ello es la señora Carmen Franco, quien dejó de lado un empleo poco remunerado para dedicarse al emprendimiento con el chocolate.

“Por Acción Campesina empezamos este emprendimiento, porque nos ofrecieron un curso, y una vez que terminamos el primer taller, quisimos aprender más, saber más y vimos que nos generaba ganancias, dinero. Lo que ganaba en mi trabajo era realmente poco, entonces empecé a ver la ganancia con el cacao, con el chocolate, sin esforzarme mucho. Ahora quiero que me jubilen porque gano más con esto que con mi trabajo”, comentó Carmen.

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Esta emprendedora le apuesta al país. A pesar de las dificultades que impone la situación actual, Carmen se levanta cada día con una sonrisa y muchas ganas de continuar haciendo lo que mejor sabe hacer: trabajar el cacao hasta convertirlo en rico chocolate.

“Yo les digo a los nuevos emprendedores que empiecen, que arranquen porque esto genera ganancias y satisfacción porque uno puede mantener a su familia. No es necesario irse del país para tener dinero, porque aquí lo tenemos todo. Tenemos una potencia con el cacao. A pesar de que se nos está haciendo un poco difícil para adquirir la materia prima por que el gobierno está acaparando el cacao, como quien dice, pero siempre hay soluciones. En mi caso, como mis familiares son productores, entonces nosotros conseguimos con ellos, buscamos alianzas, siempre buscamos la forma de conseguirlo para poder tener el producto.”

Y si de guerreras hablamos, no podemos dejar de lado a Hilda Marcano. Hilda es maestra de profesión, estudiante universitaria, madre, esposa y amante del chocolate. Aunque afirma que antes de conocer a su marido nunca había visto una mazorca de cacao, ahora es toda una artesana del chocolate. Junto a su hija Abigail, iniciaron este camino que hoy las llena de satisfacciones.

“El Cacao ha sido para mí una bendición. No es solo por el dinero que puedo ganar, que no es poco y que me sirve de mucho. Es también porque puedo ayudar a otros brindando un poco de dulzura en estos días que a veces se tornan tan amargos. Por ejemplo, en el salón donde doy clases, había notado que algunos niños iban a la escuela sin desayunar y un niño con hambre no puede rendir en sus estudios. Un día se me ocurrió  llevar una jarra de chocolate caliente para mis niños y desde entonces el cambio ha sido considerable. Ahora no se duermen ni se desmayan. Ahora tienen energía y algo en el estómago para que puedan rendir en sus estudios. Eso me llena de satisfacción”, confesó Hilda.

Acción Campesina impulsa en Barlovento el manejo de buenas prácticas en el proceso del cacao
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