Todo escenario es bueno para denunciar los atropellos que desde el Estado se cometen en contra de los ciudadanos. Por eso nos montamos en una tribuna muy especial, una a cielo abierto, con olor y sabor a cacao y su principal derivado como lo es el Chocolate. Nos referimos a la Jornada Botánica del Cacao, realizada en los Jardines Ecológicos Topotepuy y organizada por la gente de Cacao de Origen.

Allí, junto a la periodista Isabel Guerrero, investigadora de Armando.Info, Acción Campesina tomó la palabra, una vez más, para denunciar el monopolio del preciado oro vegetal en el estado bolivariano de Miranda.

“No podemos quedarnos callados viendo cómo el gobierno se apropia del fruto del sudor del campesino venezolano, en este caso de los productores de cacao, que ahora deben vender su cosecha a los precios que fijan las instituciones del Estado, en una suerte de monopolio que atenta contra sus libertades económicas”, afirmó Manuel Gómez Naranjo, Director General de la Asociación Civil Acción Campesina, durante su intervención en la charla “El cacao y las libertades.”

Es que así como el sabor del protagonista de la jornada es dulce amargo, así mismo es la realidad a la que se enfrenta día a día el productor de la cotizada almendra. A la falta de insumos, a las abandonadas vías de penetración, a la carencia casi absoluta de los servicios públicos, se le va sumando una desgracia más: la arbitraria decisión gubernamental de controlar la comercialización del cacao.

 

Lo que está en juego no es el precio del cacao, es nuestra propia libertad

Esa frase que pudiera sonar aterradora, es un alerta a toda la ciudadanía. Si bien, la monopolización del cacao es un problema porque se fijan  los precios por debajo del mercado y no pagan con la inmediatez con que lo hace un intermediario, también, y lo más grave, es que es un proceso compulsivo y autoritario.

“Es decir, o me vendes o me vendes. Estamos hablando de la imposición de una política por parte del gobierno que afecta la economía y lo que está en juego no es el precio del cacao, es nuestra propia libertad. Digo esto porque el estado comienza controlando los precios, después termina controlando la compra de los productos, es decir, se convierte en el único demandante legítimo y, evidentemente por esa misma vía, al monopolizar los precios se convierte en el que fija los términos del intercambio: Yo Estado decido cuánto voy a pagar, cuándo hago el pago, qué cantidad de producto voy a pagar, de tal manera que al final del camino, las personas que entran en esta relación con el Estado, de manera obligada, terminan convirtiéndose prácticamente en una suerte de siervos del Estado. Cuando eso ocurre, la libertad del trabajo, la libertad que la gente tiene sobre sus tierras, sobre el producto de su trabajo, se ha perdido. Por eso es que digo que el control de precio es más que un control de precios, lo que está en juego es la libertad de las personas”, sentenció Gómez.

El llamado es a que las personas se organicen para poder resistir “y esto es un problema porque las Asociaciones de Productores son bastante débiles y muy habituadas a funcionar sobre los viejos paradigmas de las tradicionales organizaciones campesinas; esto es pensar que, por ejemplo, que la resistencia frente a los embates de un gobierno autoritario se pueden frenar enviando una comunicación al Presidente de la República. La premisa es que todo eso ocurre sin que el Presidente lo sepa pero que una vez en conocimiento él va a resolver el problema. Esta idea que está más cercana a la inocencia que a cualquier otra cosa, es la que prevalece en muchas organizaciones.”

Además, hay dos cosas que se vinculan: el miedo, totalmente válido que pudieran tener algunos dirigentes campesinos frente a la posibilidad de tomar acciones mucho más contundentes, mucho más duras. Y la otra cosa es la esperanza frente a eventuales promesas que hace el gobierno para los productores de cacao. Entonces, esas sutilezas que están vinculadas al miedo a la represalia y por otro lado el miedo a perder la oportunidad que está contenida en una promesa que viene del Estado, son cosas que se juntan para que las organizaciones se inmovilicen.

Nosotros, como miembros organizados de la sociedad civil seguiremos en nuestro empeño de ayudar a los productores para que se junten, para que sus organizaciones se fortalezcan. Continuaremos dando soporte institucional para que incrementen sus voces y su capacidad instrumental y operativa. No somos súper héroes que podemos resolver los problemas con solo desearlo, pero somos uno de los hilos que conforman un entramado de organizaciones e instituciones comprometidas con la defensa de los derechos civiles y económicos  de los pobladores del sector rural.

Sigue el monopolio del cacao en tierras de Barlovento

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