Múltiples han sido los factores que han llevado a la mujer rural venezolana a enfrentar grandes retos por el bienestar de sus familias; y en la actualidad, la situación económica del país y la emergencia humanitaria producto de la pandemia del Coronavirus, la han conducido a redoblar esfuerzos por el difícil acceso a los bienes básicos, como el consumo de alimentos, entre otros aspectos que requieren especial atención en el hogar.

De allí que, el empoderamiento de la mujer rural venezolana, ha sido fundamental y en todas las instancias nacionales e internacionales, las féminas han ocupado el puesto de honor en procura de un mejor futuro para sus hijas e hijos.

En este sentido, el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura, IICA, realizó el  Foro “Mujeres rurales y equidad ante la pandemia Covid-19, Capítulo Región Andina”, vía online desde Costa Rica, con la participación de 5 países: Colombia, Perú, Bolivia, Ecuador y Venezuela.

“Las mujeres que generalmente se encargan de las compras de alimentos, deben añadir a sus complejas jornadas larguísimas caminatas para abastecerse porque existen grandes dificultades con el suministro de combustible en nuestro país y esto es una gran carga para las mujeres rurales” dijo Yelmi Urrutia, coordinadora nacional del Proyecto Huertos Familiares, llevado a cabo por la Asociación Civil Acción Campesina,en Venezuela.

En esta ponencia denominada “Desafíos por los que atraviesa la Mujer Rural en Venezuela, su potencial como productora de alimentos y su capacidad de resiliencia”, Urrutia explicó que la pandemia y la escasez de gasolina han dificultado los distintos procesos productivos y sus cosechas, y por ello las mujeres rurales que son madres productoras, artesanas y de bajos recursos,tienen un gran reto debido a que “en los sectores rurales son más frágiles los servicios básicos (electricidad, agua), y por eso se siente más la crisis, así como el difícil acceso a los servicios de salud y a métodos anticonceptivos…”, refirió.

Por otra parte, la coordinadora de Huertos Familiares explicó que la migración de centenares de venezolanas sin sus hijos, ha generado gran preocupación en el sector rural dado que tías y abuelas se encargan de infantes y de procurar el sustento diario.

Aseguró también que la debilidad de las instituciones en las zonas rurales, hace mella en la administración de la justicia para con las mujeres. “Hacer una caminata de 10 kilómetros para ir a colocar una denuncia o acudir a un reconocimiento forense como víctimas de violencia de género, y que te consigas con unos operadores de justicia que no estén sensibilizados con el tema de equidad y respeto hacia las mujeres, puede traer consecuencias fatales”, dijo Urrutia, al tiempo que aseguró que se están haciendo grandes esfuerzos de organizaciones que brindan apoyo psicolegal a las mujeres de forma remota o vía telefónica.

A juicio de la ponente, la mujer rural venezolana siempre ha sabido enfrentar cada situación adversa, sin permitirse ser frágil ante la pandemia del Coronavirus y la crisis económica actual. Afirmó además, que su papel ha sido determinante en la producción y consumo de alimentos en cada núcleo familiar, entendiendo que la cuarentena dificulta que estos procesos sean más fáciles de lograr.

El objetivo de este foro es servir de vitrina  para mostrar las luchas de las mujeres rurales en estos países sudamericanos que sin duda, ponen sobre la mesa temas como la necesaria bancarización de las zonas rurales, el mayor acceso a servicios públicos de calidad, generar más emprendimientos para que fluya la economía, opciones crediticias; entre otros tópicos de gran relevancia.

“En tiempos de Covid-19, la opción es que desde los hogares se vayan planificando estrategias para el bienestar de la mujer rural, cuya estabilidad se ve comprometida por las serias dificultades que afronta la economía del país, pero que sin duda dan cabida a que ésta tenga mayor fortaleza en función de sus necesidades”, recomendó Urrutia.

Al finalizar las ponencias, el equipo organizador obtuvo conclusiones de estos 5 países participantes,  que abarcan la proyección de un futuro mejor en los procesos productivos y económicos, convirtiendo la realidad de la crisis en oportunidades; que se promueva el consumo de alimentos producidos por manos propias en tiempos de Coronavirus y que toda vez erradicada esta pandemia, tenga lugar la consecución de los planes que redunden en ganancia para todo el pueblo venezolano y de Sudamérica.

Texto: Henkels Pereira

Mujeres rurales en Venezuela fortalecidas ante la pandemia

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