No más pisamos tierras sanareñas nos atrapa su  impronta, ese sello tan particular y característico de la capital del municipio Andrés Eloy Blanco, del estado Lara, como lo es su aroma a café.

Por doquier huele al dulce-amargo del tueste o molienda del grano que en Venezuela anuncia el amanecer. En cada hogar visitado, después del saludo de rigor, venía la amable invitación a degustar ese líquido a veces tinto, otras aguarapado, pero  que siempre recuerda la generosidad del anfitrión y el orgullo patrio atrapado en la semilla dorada.

Sanare es sinónimo de café. Se encuentra a unos 1.358 msnm en las estribaciones montañosas de la Cordillera de los Andes, tierra propicia para su cultivo. De hecho, en tiempos de la colonia representó un importante eje de producción cafetalera.

Se conoce por los estudios realizados por José Anselmo Castillo Escalona, cronista oficial de Sanare, que el origen del café en el Municipio Andrés Eloy Blanco se remonta a centenares de años y su cultivo ha permitido que el campesinado, pueda sobrevivir ante miles de dificultades y algunas veces obtener significativos ingresos. “De los casi 35 mil habitantes de la zona rural, 12 mil de ellos se dedican al cultivo del café. El 95 % de la economía gira en torno al café”, aseguró el cronista en un artículo publicado en el portal web de Fundacafé.

Sin embargo, en años recientes, este importante rubro de la economía venezolana ha ido perdiendo su prestancia a nivel nacional e internacional. Las encuestas realizadas a los caficultores indican que se recogen los granos verdes y maduros al mismo tiempo y el tostado se hace sin una previa clasificación. De allí la necesidad de mejorar las condiciones de producción en esta población.

A esa tarea se dio la Asociación Civil Acción Campesina, en alianza con la Embajada Británica en Caracas, con el programa “Impulsando el ciclo del café: una apuesta por las industrias alternativas en Venezuela”, cuya fortaleza radica en la formación de 120 caficultores de la zona, con miras a lograr un café con calidad de exportación.

“Un pequeño caficultor puede mejorar la calidad de su producto, primero: identificando la varietal que tiene para poder hacer luego unos exámenes técnicos de la edad de las plantas y de la calidad de los suelos en las que se han desarrollado esas plantas. Este es el primer paso para luego ver cómo debemos colaborar en la ayuda, si es con una resiembra o con poda, es decir, generar una evaluación técnica para que el caficultor pueda empezar a desarrollar un mejor producto. Este es un trabajo que se lleva varios años para poder concretarse efectivamente.” Así aseguró Eneko Fontova, un apasionado estudioso del café.

Eneko Fontova es uno de esos aliados que Acción Campesina se encontró en el camino del intercambio de saberes con los productores de Sanare. Como él mismo se define, es un musiú que llegó a Venezuela desde el País Vasco en los años ochenta  y fue criado en este maravilloso país. Profesional de la gastronomía, con nueve años como docente en el Hotel Escuela de Mérida, de ahí sus ganas y pasión por la educación.

Soy un musiú con mucho amor por Venezuela y con muchas ganas de ver a este hermoso país desarrollado, la verdad”, dice Fontova.

Una de sus contribuciones es a través de la responsabilidad social empresarial de la marca Grano a Grano, de la cual es socio. Con este emprendimiento agroindustrial, Fontova apoya no solo a los caficultores que le surten café a su empresa, sino que dedica parte de su tiempo a enseñar a los pequeños productores a producir un mejor café.

La alianza con Acción Campesina ha sido maravillosa. La verdad que es un gran proyecto. Nuestra gran experticia es en todo lo referente al tostado del café y es lo que tenemos para aportar. Al compartir nuestros conocimientos del mundo del tostado, generamos un cambio más rápido en la cosecha y en el beneficio. Con estos talleres que realizamos junto con Acción Campesina podemos llegar más rápidamente con toda esa información a los sitios que tenemos que llegar”, indicó.

Del grano a la taza

El también chef y aventurero, Eneko Fontova, asegura que la selección de grano comienza desde la cosecha, porque debe recogerse la fruta madura para luego pasar al beneficio. “En la primera etapa de la recolección de la cereza es donde podemos definir un proceso eficiente para pasar al siguiente. El tostado es la etapa más técnica de los procesos del café y de muchísima importancia porque es el momento en que imprimimos calor y generamos un sello de calidad de cada uno de los tostadores y la impresión de cada uno de los tostadores.”

Indicó que en Sanare hay mucho por hacer, puesto que los productores siguen técnicas ancestrales que muchas veces no son las más adecuadas. 

Para el musiú enamorado de Venezuela y de su café, la tecnología es parte fundamental del proceso. “Nosotros trabajamos con equipos completamente digitalizados para poder estandarizar los procesos y poder almacenar históricamente el trabajo que hacemos para poder luego replicarlo.”

Acción Campesina agradece el apoyo de sus aliados en esta cruzada que aspira alcanzar un café con óptimos estándares de calidad que le devuelva la prestancia a este rubro colonial. “Gracias a la Embajada Británica en Caracas, hemos logrado muchos avances en esta materia. Sabemos que son tiempos difíciles pero esta misma situación se convierte en un desafío. Queremos ver florecer de nuevo la industria cafetalera como una alternativa económica en el país y de esta forma, mejorar la calidad de vida de los pequeños productores de Sanare. Que se imponga la calidad,” dijo Arquímides Farías, coordinador del Proyecto por Acción Campesina.

Fotos: @zeuscronos

Acción Campesina trabaja para lograr café de especialidad con calidad de exportación

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